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El siguiente artículo ha sido escrito originalmente para WISE ed.review. Para leer el artículo original en inglés, haga clic aquí. Sigue la actualidad de WISE en @WISE_es.

Este artículo es parte de una serie sobre el aprendizaje personalizado (parte 5 de 6).

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Berlin Fang
Director de Diseño de Instrucción en la Universidad Cristiana de Abilene

 

Aparte de ser herramientas tecnológicas que se encuentran fácilmente disponibles, ¿qué hay de estrictamente personal en el aprendizaje personalizado? He escuchado diferentes versiones tales como aprendizaje autodirigido, aprendizaje diferenciado y aprendizaje individualizado. Estos términos, que en ocasiones se solapan, se diferencian en el tiempo (por ejemplo, existen programas de aprendizaje intensivo frente a programas ordinarios); en los itinerarios de aprendizaje (como la entrega de contenidos en momentos diferentes y en distintas secuencias, basándose en los resultados obtenidos en pruebas); o en su estrategia (por ejemplo, mediante el uso de múltiples medios según las preferencias individuales). La mayoría de los términos referidos, varían únicamente en los medios dispuestos para alcanzar el mismo fin.

El aprendizaje personalizado es un paraguas más amplio, bajo el cual los estudiantes no solo varían en relación al «cómo» aprenden, sino que también difieren en el «qué» del aprendizaje; por ejemplo, en los objetivos personales y en la motivación para alcanzarlos.

Podemos comparar el aprendizaje guiado por el profesor con los guisos de mamá, que uno se comerá, le gusten o no. El aprendizaje diferenciado ofrece opciones: menú 1, 2 o 3, con una selección limitada de patatas fritas o bebidas. El aprendizaje personalizado se asemeja más a un bufé, en el que uno puede escoger cualquier cosa que quiera comer, el tiempo que dedicará a cada plato y el orden en el que comerá. O más bien piensen en una comilona en grupo en la que se nos ofrecen delicias de todo el mundo, esta es una analogía mejor para representar lo que encontramos en esta época de abundancia, como mínimo en términos de acceso al conocimiento. Del mismo modo que nos puede sentar mal comer en exceso en un bufé o comilona, la abundancia de opciones también puede ser una desdicha para quienes no están acostumbrados a tomar decisiones informadas.

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